El japonés que estrelló el tren para ganar el tiempo

En la empresa se vive una doble vida entre mezquindades cotidianas y los ingenuos discursos competitivos. El orgullo, la pereza, la rutina no aparecen en los libros, pero ocupan las oficinas. ¿Por qué empeñarse en que los directores deben ser empáticos y simpáticos, cuando la realidad es que tienden a ser exigentes y algo despóticos?¿no […]